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domingo, 22 de mayo de 2016

Escritura Automática 99



Soñé que os pillaba a tí ya un gato follando, parabais en el acto, yo iba a tra habitación colapsado, sin poder articular un pensamiento razonable que te excusara.
Al cabo de cinco minutos, apareciais los dos con cara de decepción  con un discurso ensayado, intentando razonar.Odiaba tus palabras balbuceantes, intentando justificarte con tus grandes ojos encharcados en culpa. Sus maullidos me daban asco
Eran las seis de la mañana y tenía que ir a trabajar, sudado y descompuesto me fuí a la ducha, confiando en que el agua fría abriera una puerta por donde pudiera escaparme.

Salí de casa. el sol me sonreía y me dejé llevar con la brisa matutina. En los escaparates me reflejaba como un hombre feliz,las chicas no me sonreían pero yo si a ellas. Era una guerra perdida. Me percibían como un problema sin solución...
Me gustaba ver el reflejo del cielo en los charcos, tenía una buena colección de fotografías en los que los azules se fusionaban con grises, negros suciedad y arco iris de gasolinas, un azul superpuesto infinito. Me gustaba mojar las llemas de mis dedos y peinar mi flequillo...era una antítesis de las pesadas nochesdonde me quedaba hipnotizado viendo películas europeas, apretando mis mandíbulas y fumando hierba en calzoncillos.Buscaba la sobredosis de sexo para no pensar en su naturaleza explícitamente devoradora.

Me tomé un cafe horrible de máquina, donde aseguraban un aroma natural y auténtico,Era otra mentira aceptada, en una cuenta que llegaba al sin final

Continué en mi receptaculo, mis funciones dentro de la cadena de montaje, atornillar, descomprimir, atornillar, trasladar, mis sentimientos se deslizaban en la cintra trasportadora, atornillados, ensamblados, descomprimidos, empaquetados






domingo, 3 de mayo de 2015

Escritura Automática 98

Las paredes se oscurecían a la misma velocidad en la que lo hacia su mente. El tiempo perdía significado, hasta tal punto, que todo su universo se convertía en un estado de locura vertiginosa e ingravidez.
Se levanto dolorido, con una mueca de tensión en su mandibula inferior, el ambiente cerrado olia a esperma reseco, acumulado en kleenex arrugados , esparcidos por el sofá. Un rastro patético, recordaba sus orgasmos como pequeñas decepciones. Cerró los ojos. Quería desaparecer. Puso su cabeza apollada bajo el grifo. Pasaron minutos. Sacó la cabeza. Su mirada pérdida en el espejo sucio, lleno de lamparones y de manchitas de sangre. Quizá algun amante del arte abstracto comprara ese espejo por mas de 2000 euros.

Con un miserable cafe instantáneo pretendía remontar el día.A pesar de sus múltiples mutilaciones en su voluntad, seguía siendo un iluso

martes, 12 de agosto de 2014

Segundo plano: number 31




Baja las escaleras dando saltitos, mirándose en las ventanas de cada rellano. Entre el piso 4 y 3 se ve espléndida, entre los pisos 2 y 1 no le gusta su peinado y al llegar a la puerta de la calle, le dan ganas de subir, desvestirse y llenarse el cuerpo de sedantes.

Emite un suspiro capaz de inflar un globo de una sola vez. Se coloca el cigarrillo en la boca sin encender, abre la puerta, en la calle palpa sus pantalones en busca del encendedor. Da 5 pasos, quizá 6, coloca sus auriculares en sus orejas, cuando esta a punto de blindarse del ruido con su música electrónica un hombre de mediana edad de etnia intuitivamente pakistaní, le hace señales con los brazos, creyendo que la música le impide escuchar sus palabras de acento ya casi familiar:

-Eh amiga , excuse me, can you help me?

Sus ojos se vuelven blancos y su cara adopta una expresión de repugnáncia, no estaba en sus planes socializar tan pronto, solo había dado 5 pasos....mierda..., jodido pakistaní, no ha podido ni encender su cigarrillo, el cual se ha pegado a su labio inferior, odia cuando los cigarrillos se le pegan en el labio inferior. Al mirar la cara del hombre, parecía preocupado y su mirada mezcla de prudencia y desesperación chocó frontalmente con su mirada de desprecio, furia y apatía.

Sin saber como,  emite un "what?" casi inaudible, pero el pakistaní, parece poseer orejas de murciélago, porque lo oye a la primera .Él, sin perder su expresión de desespero, le formula una nueva pregunta"number 31...please", ella abandona su apatía, los ojos abiertos le dicen " ayuda a este hombre y vete"
Con un tono decidido, formulado mientras sus manos tiran su cabello hacia atrás le formula una corta pregunta"31? what 31?" ( el cigarrillo sigue pegado en el labio inferior, moviendose con cada una de sus palabras)
Gesto de desesperación del pakistaní, que saca uno de sus  auriculares de las orejas y le ofrece uno de ellos.Ella lo mira contrariada, por un momento piensa que le va a hacer escuchar algún disco de boollywood, o un concierto de tablas y sitar.El pakistaní, estaba hablando todo el rato con alguien , con los auriculares puestos.
Se introduce  el auricular con un poco de asco, en el otro lado de la linea, suena  una voz femenina, rotunda"Número 31!" por el tono, parece cansada de dar explicaciones. Ella replica con la misma energía " 31 de donde?!", de la calle Londres!!! responde con reverberación ( posiblemente se encuentre en una cocina o en el Wc)
Joooder, replica ella sonriendo al pakistaní, estamos en la calle Londres ( de echo ella vivía en el nº 50)
Rapidamente con una sonrisa y una simple indicación le muestra el lado de la calle de los números impares " sube por la calle unos 5 min y llegarás al 31"
El pakistaní le sonríe y le enciende el cigarrillo a modo de agradecimiento.
Da unas dos caladas seguidas, el encuentro le a puesto nerviosa, pero decide continuar su plan de salir de casa. A lo lejos el pakistaní rumbo al número 31, arrastra una pequeña maleta de la cual no se había fijado antes.Emite un breve diagnóstico: turista

El camino hacia el bar donde normalmente se "anclaba" hasta su cierre es un compendio de imagenes de ruinas en su cabeza. Ruinas no físicas, no palpables, pero de igual repercusión .Sus cimientos hacía tiempo que se aguantaban por muy poco.Su cara no sabía gesticular el placer, se había casi olvidado de ello, arrimconandolo, poco a poco, substituyendolo por la indiferencia, la neutralidad, co mo una imagen perpetua de ventanilla de tren en marcha.

Sus cigarrillos automáticos iban cayendo de sus dedos a menudo inacabados, como las uñas de sus manos, mordisqueadas irregularmente, como sus objetivos en general, mordisqueados e inacabados.

Saluda cabizbaja al llegar, sentándose apresuradamente en un taburete metálico, que a menudo le hace resbalar, pide su combinado de vodka y tónica y se limita a observar y beber en pequeños sorbos.
Esta allí para no estar en casa...
Entabla una pseudo conversación con un hombre de su edad, separado recientemente y con dos hijos. Se separó de su mujer para irse con otra, la cual no tubo el valor suficiente para dejar su relación y ahora se veía escollado y desesperado en una especie de estación de trenes sin transito.
Cuando se acabó su vodka, pidió otro y siguió bebiendo en sorbitos pero no escuchando. Por suerte el se cansó de su monologo y decidió irse sin despedida.

Acabó  su segundo vodka, salió a fumarse un cigarrillo esperando una brisa veraniega tardía, pero no llego. Observo a varios chicos y chicas fumando amorrados a las pantallas de sus teléfonos de última generación. Desesperados por no perder el contacto  ni un solo minuto.
Aplasta la colilla con un movimiento rotatorio de talón, entra , paga sus copas y se larga sin que nadie del bar la eche de menos.

Siempre que vuelve a casa suele cantar mal y flojito, mira hacia arriba intentando descubrir una nueva estrella pero siempre choca con esas nubes anaranjadas y repelentes infectadas de contaminación lumínica.
Llega a su calle mas temprano de lo previsto, su pelo le tapa la cara y decide peinarse en el espejo de un portal, Su cara parece cansada.Su pelo le parece horrible. Se aparta el mechón con un gesto forzado y precipitado. Levanta los ojos y sonrie...."number 31 baby" la coincidencia le arrancó una sonrisa y sus ojos divisaron no muy lejos, a una figura arrastrando una maleta de ruedas.
alejándose con  pasos cortos y arrastrados, a medida que se acercaba, mas se daba cuenta de no querer interactuar, no sonrisas, no preguntas, no....deja que se marche, piensa, no digas nada...

Él mostraba el ceño fruncido, sudado, con los ojos abiertos, fríos y distantes, arrastrando su maleta, ahora pesada y difícil, con la boca cerrada, sin preguntas, ni gestos, solo camina, lentamente, ocultándose, volviendo al agujero, sin hacer ruido, inadvertido, casi invisible


lunes, 23 de junio de 2014

Plano #1




 Esta estirado en un sofa viejo, de un azul apagado. Sus pies cuelgan sin calcetines en uno de sus extremos.Uno de sus brazos cubre su cara, a modo de protector solar.Su boca sonrie lentamente.
En una especie de sueño recuerdo, aparecen unas manos menudas, de unos 11 años, pasandose un periodico de unas a otras. Subrayando con flourescente azul anuncios de contactos. Se oyen risitas nerviosas, provocadas por las escuetas descripciones que aparecen. Las medidas de las candidatas, sus objetivos, tarifas...
Él, traza un circulo en uno de ellos. No le llama la atención ni sus medidas, ni objetivos, ni especialidades.es la introducción del anuncio: "Estoy sola, muy sola, me acompañas?"

Por medio de un sorteo ridículo, le toca realizar la llamada.Coge el telefono con sus manitas  temblorosas y marca el número, bajo las miradas burlonas de sus amigos.
Aparece una voz seca, provinciana, aunque realmente casi no la recuerda.

-"Hola?"
-".....eemmm Hola...mmm...eeemm...estas s sssola?"
-".....si estoy sola...............mm...pero...pero...tu eres muy pequeñito"

Colgó el telefono rapidamente, las risas sonaron por todo el despacho, él estaba sonrojado, extrañamente eufórico.... le habían descubierto,

El sol acabó por despertarlo, Se quedó varios minutos sin moverse. Con una extraña sonrisa agridulce. El sol iluminaba su cara, haciendo entrecerrar sus ojos y gesticular una mueca de repulsa.
Se preguntó, el porqué siempre   le hacian mover los detalles secundarios, lo que se esconde bajo la piel, la puta mania de inventar historias.

domingo, 5 de enero de 2014

Desintegración



Se iluminó la pantalla con un sonido chirriante que fue de menos a mas. La imagen, perfectamente acompasada, apareció de las sombras pero no acabó de mostrarse.
Me quedé perplejo, no entendía nada.Tan solo encendí el televisor para oír las noticias, no con atención, solo como voces próximas, para recrear una idea de compañía.

La pantalla se deformaba, arriba y abajo, se quedaba un punto de luz en la lejanía y luego volvía a mostrarse, el sonido chirriante se hacía insoportable, me recordaba aquellos discos de música industrial que compré hace tiempo
Me quedé hipnotizado durante horas que no eran mas de tres minutos. el olor a quemado encendió mis sentidos de alerta aletargada.Tenía que apagar el televisor, no quería presenciar una nueva función de aquel espectáculo, no quería ver como explotaba, como se quemaba ....no

En un acto apresurado y torpe, presioné el botón de encendido y la pantalla se fue apagando. No de una manera inmediata, sino que, se hundió lentamente en un pantano de circuitos.
Después de presenciar el acto, al que bauticé como un cortometraje de ciencia ficción casero, tenia claro de que no iba a ver la televisión en mucho tiempo, y que seguía desintonizándome del mundo


lunes, 20 de mayo de 2013

Suspirar equivale a Perspectiva


"La soledad sí que es capaz de generar deseos que no se corresponden con el sentido común o con la realidad.” ( R.Bolaño)

Subí las escaleras lentamente, aprovechando que el ascensor estaba averiado.Mis pasos lentos y pesados sonaban reververantes en mi húmeda escalera, no encendí las luces, las farolas de la calle entraban por las persianas que cubrían las ventanas que habían en cada piso. era una luz tenue, anaranjada, suficiente como para ver un poco. No hacia ver en totalidad, mi cabeza recordaba perfectamente cada rincón.

Entré en casa con una pesumbrosa lentitud, heredada desde hace días. Todo seguía en desorden. Atravesaba una de mis épocas de rebeldía interior.Donde todo explotaba.Donde todo se construía y se destruía con rapidez. Evitaba los espejos. evitaba el agua. evitaba la consciencia y el recuerdo.

Lamía mi mano, en besos largos y apasionados, cerrando los ojos, apoyando los labios en la boca que se forma cuando juntamos el pulgar y el índice, también me abrazaba, unos segundos nada mas, hasta que cobraba la cordura o despertaba bruscamente de un sueño corto que se alarga mas de la cuenta.

El océano tiene una profundidad de 6 millas. Las heridas tienen una profundidad simbólica de varios kilómetros, algunas tan profundas, que necesitan varias lenguas para curarse.Aunque, es mejor curar cada uno su propio dolor. La sangre de las heridas,  transmite pequeños anticuerpos, que se apoderan de ti sin darte cuenta, como todas las enfermedades incurables y una mañana te reflejas preocupado en un espejo, llorando sin saber porque, agrietado,  con ese vértigo que se instala en la boca del estomago, con la sensación de estar vacío y de estar lleno de penas que no son tuyas

No me importa luchar, tengo energías
es solo que.....
es como...una pelea absurda
una batalla constante....
todo mi esfuerzo es para quedarme en la superficie, solo eso, lo suficiente para no ahogarme
pero joder....
estoy tragando agua

hay momentos en los que, inesperadamente oímos palabras que nos definen a la perfección, desde un medio u otro, describen perfectamente nuestro complejo estado de ánimo, y perplejos, escuchamos con atención, abrimos los ojos, nos arañamos la piel con lentitud, pero con mucha fuerza, con escalofríos que arquean nuestras espaldas, hacia un extraño orgasmo de empatia desconocida, eyaculamos por los ojos , volvemos a besarnos las manos y cerramos con abrazo un poco mas largo de lo habitual.

Y de vez en cuando, aparecen..Como pequeños fantasmas, removiendo mi cerebro, llenándome de deseo, oyendo sus lejanas voces dulces, complacientes, con esa lírica susurrante, explicita.....
una batalla que se alarga durante varias horas, en la que me inmolo una y otra vez, colocan sus explosivos diminutos dentro de mi epidermis, sonríen contando mis pedazos , sonríen al verme dormido, casi sin vida, sonríen al ver mis heridas abiertas como cuadros a lo lejos....
y oxigeno, en respiraciones lentas e intensas, mis costillas se ensanchan en un movimiento estético innegable...
el sinsentido, las bifurcaciones, las despedidas mudas, los ojos entrecerrados, las manos entrelazadas, los hilillos de saliva, el miedo, las neuronas muertas,,los amaneceres ignorados, todo junto en un halo de oxigeno azulado, que se mete hacia dentro , tiemblan los párpados y lentamente abandona los pulmones, separando tiernamente las comisuras de los labios como un beso invertido.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Siempre es mejor mirar al suelo


 Colgué el teléfono cincuenta veces. Repasé los informes, envié mas de dos cientos mails, me aseguré que las citas y reuniones estaban cerradas en los días y horas correspondientes. Sonreí al responsable, al jefe de sección con una cara de falsedad sin escrúpulos, moví el pie bajo la mesa durante mas de seis horas, me balanceé en mi silla, como si fuera una hamaca rígida, consulté precios de un viaje inexistente pero formidable, me explicaron problemas de divorcios y amantes problemáticos, de niños llorones, de niños enfermos, de suegras malnacidas, de recetas de pollo al horno mal cocinadas, de desaprobaciones familiares en la mesa, de lloros ofuscados en la cocina, .. Sorbiendo un café de maquina insulso, sin espuma con sucedáneo de leche, bajando por mi esófago como causante probable de evacuaciones urgentes y apresuradas en el peor momento. Asentí con la cabeza, encogí los hombros, consolé con un apretón de manos, sonreí con una mueca a medias…..una mierda de día, otra mierda de día, calcado a los cien anteriores, una misma obra de teatro de representación diaria, con actores maquinales y papeles secundarios repartidos sin gracia. Al llegar la hora de salir, mis piernas se tensaron y me apresuré a ponerme la chaqueta y emitir un tímido “adios” de despedida , nunca decía “hasta mañana” estaba claro que nos volveríamos a ver, tenía ganada la reputación de serio, seco , callado, extraño, pero todos esos adjetivos en aquel ambiente, me daban completamente igual.

Me abroché la chaqueta, hacía un viento terrible que mecía los árboles hasta el punto de querer arrancarlos. Obté por ir en metro, tenía molestias en el cuello y al día siguiente me tocaba exponer en una reunión, los pros de nuestro servicio frente a las propuestas mas económicas de nuestros adversarios checos. Prefería un fusilamiento Las hojas y bolsas de plástico volaban en danzas orientales, circulares, hipnóticas, hombres y mujeres se cogían del cuello de sus camisas y blusas como si quisieran convertirlos en bufandas confortables, cerraban los ojos y encogían sus caras en gestos de frío. Mis andares eran empujados por el viento, acelerando mi paso y haciéndome frenar a cada momento, con la punta de mis pies. Cuando entré en el metro sentí un pequeño alivio. Tenía la cabeza atontada y la cara fría, los labios cortados, (me había dejado el protector labial en casa, en el bolsillo del abrigo), mis manos estaban como inertes, torpes, como tenazas sin fuerza. Marqué mi billete y me crucé con decenas de personas dispuestas a enfrentarse al exterior, sus caras representaban la angustia y el drama mientras sus manos cerraban cremalleras, abrochaban botones, enrollaban bufandas, ajustaban gorros, sacaban guantes…. Faltaban 5 minutos para que llegara el metro. Odiaba las esperas en los andenes. No aguantaba el hilo musical, repetitivo, de tan mal gusto, era depresivo, desmoralizante, una banda sonora atribuida a nuestra rutina. Me quedé mirando un anuncio donde salía un hindú cabreado con un cigarrillo roto entre sus dedos, supuestamente ibas a esa clínica y dejabas de fumar, aunque no inspiraba ninguna confianza. Al poco rato de abortar mis esperanzas de dejar de fumar, apareció el metro, me situé hacia la mitad, donde suelen haber sitios libres, y pude comprobar mirando por las ventanillas, la existencia de algunos huecos vacíos. Me acomodé y mire hacia el suelo, mirar al suelo y a la ventanilla, eran mis pasatiempos favoritos, con música era distinto, pero me olvidé el reproductor (estaba en el otro bolsillo de mi otro abrigo, justo al lado del protector labial).

 En el suelo habían algunos papeles, un chicle pegado de fresa y encontré unos zapatos de tacón negros charol, brillantes, acabados en punta, dentro se calzaban unas piernas abrigadas con unas medias de rejilla negra, los gemelos estaban bien torneados e invitaban a seguir la inspección ocular, como mínimo hasta la rodilla. En su gemelo izquierdo, se intuía un pequeño tatuaje, eran como dos letras o signos, dos pequeños puntos paralelos, sin mas, quizá no se trataba de un tatuaje, parecía mas bien dos picadas de mosquito, la rejilla de sus medias me impidieron recalar en exactitud ese detalle. Sus piernas continuaban en unos muslos generosos, sin ser demasiado gruesos, victimas de algún tipo de ejercicio aeróbico, que se escondían en una mini falda oficinista gris. Llegado a este punto, disimulé mirando un rato por la ventanilla, donde pude verla reflejada charlando desenfadadamente con su amiga, cruzando las piernas y gesticulando sus manos, mientras relataba detalles de un congreso donde acababan de salir. Al girar la cabeza de nuevo, enfoqué mis ojos en sus pechos, bien colocados, en armonía con sus piernas, los tres botones desabrochados de su camisa blanca, me permitieron observar un cuello blanquecino, fino con una vena hinchada latiente, que palpitaba a cada carcajada, su pelo negro y alborotado supuestamente con espuma moldeadora, dejaban al descubierto unas pequeñas orejas sin ornamentación, seguidas de unos pómulos marcados, en una cara nacarinada, salpicada de pequeñas pecas grisáceas, casi translúcidas, labios rojizos, brillantes, que esbozaron una sonrisa cuando mis ojos chocaron en un accidente de tráfico ocular contra los suyos , una mezcla de marrón pálido, casi amarillo, con unas pupilas negras contrastadas. En ese segundo o dos, sentí un fervor por dentro, mi nuca experimentó un escalofrío, que rápidamente encogió mi cuerpo y lo devolvió a su postura original de mira suelos.

Ella continuaba charlando con su amiga, a la que ni siquiera me había detenido a contemplar, debía estar muy acostumbrada a que la miraran, y por supuesto, a contestar con una sonrisa amable, debía ser algún tipo de secretaría congresista. Mirando al suelo me sentía mejor, intentaba disimular mi rubor cruzando los brazos, moviendo los pies, balanceándolos de arriba a abajo. Sus voces sonaban lejanas, como metidas en un lavabo, me estaba mareando, empecé a sudar y a perder la nitidez en mi mirada, el vagón se tornó translúcido, como las ventanas salpicadas en los días de lluvia Notaba una fuerte presión en el pecho, y una extraña caricia recorrió mi cuello, como una lengua áspera, puntiaguda, que seguía la vena, mi pulso...intenté enfocar mi mirada….al levantar la cabeza, la ví hablar con su amiga como si nada, pero sabía que me estaba mirando, su amiga era solo un pretexto, un gancho….. Me pareció como si su cabeza se desdoblara, una de ellas seguía hablando y la otra se giró hacia a mi. Abriendo sus ojos color miel, luciendo una pupila vertical preciosa.Sin quererlo, empalmé, febrilmente, sin deseo, como algo físico involuntario. La cabeza me dolía, respiraba cada vez con mas dificultad. Ella cambio la pierna de lado, su amiga también, como un ejercicio de natación sincronizada. Entré una especie de abismo……inicié un híbrido de desmayo acompañado de una eyaculación que no parecía querer acabar, mis ojos se desconectaron y me deslicé lentamente hacia la ventanilla, donde mi cabeza se recostó . Ellas se levantaron , gráciles y divertidas, parecían estar en constante compenetación Se alejaron, contorneando sus bonitas piernas, y mis pupilas fundidas, siguiendo torpemente, las marcas de sus muslos, entre la rejilla, y el blanco, que se come los colores, la luz...agotadora,  el arrancar del metro, el anuncio robótico de la próxima parada, las prisas de la gente, la apatía de la gente, las puertas que se abren, ininteligibles murmullos......

miércoles, 20 de febrero de 2013

Ventanas



Abierta

el sol quema los ojos, el aburrido azul del cielo, calculo la caida en cuatro segundos, un rápido punto final, es agotador andar en circulos, llorar hacia arriba, nunca hacia abajo,que fácil es confundir debilidad con sentimiento....el exterior, tóxico, con su negación automática a todo, no puedo ser humano...

Cerrada

contaminación lumínica que tiñe las nubes con su aliento anaranjado, calculo la caida en menos de un segundo,rasco mi cabeza y aprieto mis dientes hasta agrietarlos Detesto mi voz interior, que no cesa ... y no consigo dormir, no existe la calma ..soy el extraño en una nueva tierra... mis dedos automatizados buscando cigarrillos...desintonizado, emisor y recptor... me desangro como hermafrodita.... en un cajón cerrado, mueren mis sueños de asfixia.
.
Entreabierta

Caigo violentamente en un descapotable blanco ganado en un sorteo de un casino de las Vegas, conduzco a toda ostia,por las inacabables carreteras polvorientas de Death Valley mientras duemes escuchando a Brel, acurrucada como un armiño, pongo quinta, y mi mano se deteniene en tus piernitas , que tienen frio, el viento mece mi pelo,  espectador de los azules que tiñen la arena fria , ondulada, lunar....





sábado, 19 de enero de 2013

machu picchu


Abracé a mi madre con medio llanto, mis brazos la rodearon  fuertemente, como si un principio de ley física, respondiera a: mas fuerza menos sufrimiento.
Nos dio la noticia por separado, mi hermano se enteró antes pero no me dijo nada, quizá convencido por mi madre, que siempre ha sido una persona muy discreta y sabía que no podíamos estar juntos cuando lo dijera.
Durante la comida de aquel sábado de primavera, mi madre estaba mas callada de lo normal, servía  la comida mecánicamente, mi padre, a pesar de sus esfuerzos, no logró cortar aquella tensión, que se expandía por toda la casa como una espesa niebla.
Sus comentarios sonaron huecos, tan solo contestados por mi voz bajita y entrecortada.

Después de acabar el postre, mi padre fue hacer té. Mi madre encendió un cigarrillo, se quedó mirando la punta, como si concentrara fuerzas para abrir sus labios..
Con una mirada me lo dijo todo, con mi hermano lo tuvo más difícil, nunca hablaban demasiado y sus sentimientos eran un extraño tabú entre ellos.
Mi conexión con mi madre, era distinta.Eramos bastante francos entre los dos. Nos lo explicábamos casi todo, evidentemente, todo hijo debe obviar ciertos detalles de su vida para no crear confusión o preocupaciones innecesarias, yo procuré no mencionarlos y ella procuró también no hacerlo.

Algo la estaba devorando por dentro. Tardó al menos quince minutos en pronunciar esta frase. Una frase relativamente corta, pero con la naturaleza necesaria como para agrietarte, deshacerte, desaparecer, perder la visión, no oír el tránsito ni el vociferio de las gentes saliendo del supermercado, de encharcarte los ojos en menos de un segundo, de sentir un aguijón en la nuca, un sudor frío,  una tensión que te trenza las piernas, un mareo repentino como en alta mar pero sin paz…..
Mi padre apareció con el te y rápidamente, con un sigilo digno de admiración, tenia su mano en mi hombro, aplicando de nuevo aquella ley física que me pasó después por la cabeza al abrazar a mi madre.
Lo mire a los ojos y puse mi mano encima de la suya. Siempre estaban calientes.

Tomamos el té en silencio, a pequeños sorbos, sin azúcar. Mi madre tenia una expresión serena pero afectada, nunca he conocido a nadie más valiente que ella, ahora, quizás por primera vez, veía una pequeña luz de derrota en su cara, como si ya supiera que era inútil luchar.Estaba seguro que en aquel momento deseaba llorar, pero no quería regalarme aquella polaroid para llevármela a casa. De todas formas de un modo u otro, ya me la había metido en el bolsillo, y convencido de que la colgaría en una pared de mi habitación para verla a diario.
Después de un incómodo silencio, motivado por una irreprimible  necesidad de alejarnos y llorar por separado, me levanté y abracé a mi madre.
La besé en la cabeza con ternura, le dije que la quería y que nunca estaría sola, mi padre abandonó el salón y se encerró en el lavabo.
Nunca lo había visto llorar en cuarenta años, y seguiría sin hacerlo
Lo que nunca le dije es que una vez lo oí  sollozar en brazos de mi madre, cuando perdió el empleo, pero eso sería un golpe muy bajo.

Salí de casa de mis padres mareado, mis pasos temblaban, esperé el ascensor y una vez dentro  vi  mi cara agrietándose en el espejo de aquel receptáculo ostentoso y de mal gusto.
Pulsé la planta baja pero el ascensor se detuvo en el segundo piso.”mierda” era el peor momento, no me apetecía nada hablar con ningún vecino, con ningún ser humano, ni tampoco con animales.
Respiré hondo y reuní todas las fuerzas que pude para articular un insulso” buenas tardes”, pero la cosa se complicó. Abrió la puerta la vecina peruana con una sonrisa inmensa en la cara, me saludó efusivamente, aquello me trastocó, sonreí como pude y en el rellano esperaba su marido en silla de ruedas o más bien, lo que quedaba de su marido.
Con la cabeza torcida, intentaba estar erguido en su silla pero no lo conseguía. Me vinieron los recuerdos de aquel hombre, que años atrás lo encontraba durmiendo la borrachera en el descansillo de la escalera o a veces, en la portería abrazado a la palmera. Seguramente su riego sanguíneo no aguantó aquel ritmo y una especie de infarto cerebral debió atacarle a traición mientras apuraba un cartón de vino barato.
Reaccioné con rapidez, y presente mis intenciones a la vecina de aguantarle la puerta para entrar a su marido y huir por las escaleras, pero mi táctica fue derrumbada en segundos.
Con su tremenda vitalidad insistió en que cabíamos todos sin problema.Me dio hasta instrucciones de cómo colocarme. Incluso recalcó el detalle de que si levantaba un poco mi bolsa hacia la izquierda sería perfecto. La obedecí por la comodidad de seguir unas instrucciones en aquel momento,  mi cerebro se relajó con la amable imperativa de su léxico sudamericano.

El ascensor empezó a bajar y el hombre, que lo tenia justo adelante con su señora apoyada en las agarraderas de la silla, me miró y  balbuceó unas palabras, una frase recurrente y repetitiva “machu picchu…. Ir a machu picchu “
“hay que volver a Perú....  ir a machu picchu” y señaló con su dedo el cielo disfrazado de techo de ascensor.
Su mujer respondió como si hubiera escuchado esa cantinela millares de veces
“Si Orlando, algún día iremos todos”

sábado, 12 de enero de 2013

Chic Magazine




Martha encirculó el anuncio que salía en la sección de  empleo de su magazine favorito. Buscaban jóvenes modelos con personalidad y frescura, todas aquellas chorradas que intentaban dignificar la profesión. Al final todo acababa en un catalogo de bañadores o ropa interior, con el fotógrafo de turno titándole los tejos y algún que otro hombre de negocios deambulando esperando alguna sorpresa de los cazatalentos.
La verdad es que necesitaba dinero, la última visita de su hermana la había dejado menguada para pasar el fin de mes, y eso que estaba dieta, su hermana comía por los codos pero no engordaba ni un solo gramo. Se le instaló hace tiempo una ansiedad galopante, que fracturaba las calorías a golpe de neurona.
Martha descolgó el teléfono, que había encontrado meses atrás junto a un contenedor, era de pie,  del año 76 más o menos, de un color verde oliva, con solo dos pasadas de antigrasa quedó como nuevo, luego vinieron las tonterías de sus amigos, que veían en el un retraso evolutivo, como si conversar a distancia se hubiera modernizado drásticamente y las palabras sonaran diferente en un modelo del 76 o en uno del 2012.

Le atendió un cretino, supuestamente rubio y con gomina pensó, dado el acento arrastrado y sus eses sonoras,  sin duda era gay, una mariconaza embutida en un Lacoste inmaculado.
Dio sus datos y se citaron para el día siguiente por la mañana.

Se levantó automáticamente con pocas ganas, pero la idea del dinero y un café la activaron rápidamente.
Cogió la línea 2 del metro, eran 5 paradas, en cosa de 15 minutos llegaría a las oficinas del magazine.
Martha odiaba el metro, pero no quería llegar sofocada, hacía calor aunque estuvieran a mediados de abril, se dedicó, como de costumbre, a mirar por la ventanilla y a espiar a los transeúntes de forma discreta con el reflejo colaboracionista.
En uno de los asientos hablaban sonoramente un chico de unos treinta años de estética hippie con otro mas mayor, de unos 50 años, con una coleta canosa y una cara azotada, castigada, un pergamino de la gran ciudad.
Los ojos de aquel hombre se hundían  bajo las bolsas de un insomnio perenne, tan solo un alo de luz de vez en cuando aparecía para recordar que tenía ojos.
Desde la ventanilla, Martha se fijo en una de sus manos, llevaba inscrito algo en los nudillos y en el espacio de piel que une el dedo índice del pulgar.
“quizá haya estado en la cárcel” pensó de ahí su cara magullada, “la angustia siempre nos moldea con dureza” sin darse cuenta, estaba mirando la mano fijamente, mientras su pie se movía rítmicamente al compás de la música techno que  llevaba en su reproductor.
Al levantar la vista se cruzó con sus ojos hundidos, el sonrío con los pocos dientes que le quedaban y enseño su puño para que pudiera leerlo, en un gesto medio seductor –medio desafío, Martha pudo leer Amor en una ortografía decadente y sin brillo, de tonos azulados, y entre el índice y el pulgar, un corazón tosco, como hecho con prisas, sin ningún rastro de romanticismo, ni de amor, solo de un débil autoconvencimiento desesperado.
Sus carcajadas sonoras y sus gestos de besos al aire, turbaron a Martha, sus mejillas se sonrojaron y se le aceleró el pulso, tan solo la inmediatez de llegar a  su parada de destino le activo su aparato locomotor para salir de aquella situación que la cogió por sorpresa.
“tendría que haber ido andando” pensó, “igualmente estoy sudando como una cerda”.

Saludó con educación al gerente de la puerta de la editorial, “Chic magazine”, y tras dejar su número de DNI y una sonrisa estúpidamente estudiada cogió uno de los seis ascensores y pulsó el nº 7.
Le recibió el mariconazo, no era rubio, tampoco llevaba un Lacoste inmaculado, era un chico cercano a los 2 metros, totalmente rapado con un bigote a lo Prince, perfectamente perfilado, y un polo ajustado de color negro. Su voz desconjuntaba por completo, parecía imposible que aquella vocecita pudiera salir de aquella caja torácica.
La acompaño a una sala de espera con refrigerios y tostadas para picar. Martha cogió una, y se sirvió un café, aun estaba un poco alterada y le había entrado hambre.

A los 5 minutos una mujer de pelo oscuro y ojos grandiosos azules  vino a recogerla y le indico el camino al despacho donde tendrían la entrevista.
Después de las preguntas de cortesía, vinieron otras un poco más personales, pero no molestaron a Martha, estaba acostumbrada a castings y a entrevistas, no era modelo profesional, pero tenía sus tablas.
Buscaban modelos sanas, con buena apariencia, sin vicios, deportistas. Martha mintió, porque fumaba de vez en cuando y no siempre tabaco, también bebía pero muy casualmente y deporte nunca le había echo falta hacer, porque dejó de practicar danza hace pocos años y conservaba aun su porte estilizado.
Después de la entrevista y tras una breve explicación de la campaña y la firma que representaban, indicaron a Martha que fuera lo más discreta posible, que la competencia siempre estaba al acecho de las ideas ajenas, y habían arriesgado mucho y que mejor no contara nada tras unos días bla bla bla, “se podrían ahorrar todas aquellas monsergas de empresa….” “las repiten una y otra vez”. Martha cobraría 300 euros por una hora de fotos y en principio se trataría de ropa formal, nada de bañadores y lencería,” perfecto” pensó
La mujer de ojos azules y boca de serpiente, seseaba continuamente, delatando un acento centroeuropeo, le indicó que esperara la confirmación por teléfono, a las 7 de la tarde.

Martha volvió a casa, después de un paseo grato por el centro de la ciudad, cruzando los dedos para superar el casting, y ganar 300 euros en un día.
Sus días de vacaciones no estaban siendo una maravilla, su hermana la absorbió con su cantinela de problemas existenciales, que resultaban ser una tontería tras otra, su novio fue a un entierro de un familiar en Galicia y no volvería tres días después, al menos coincidirían el fin de semana y podrían montarse una fiesta particular con la cocaína que les sobró el mes pasado.De pronto Martha se rió “no bebo, ni fumo, ni me meto nada, ja, ja , ja”  “estos alemanes estirados, se lo creen todo!”.
Después de comerse una ensalada gigantesca Martha se durmió viendo un documental de la Antártida, donde los pingüinos se amontonaban formando una gran muralla de plumas para aguantar las frías temperaturas y las fuertes ventiscas heladas, quizá sugestivamente, se cubrió con una pequeña mantita, aunque el sol entrara fuerte y sin llamar por la ventana y el termómetro se acercara a los 23 grados.

La despertó la alarma de su radio despertador, un fragmento de Bartok que emitían por la emisora de música clásica que  había programado para despertarse. No aguantaba los zumbidos clásicos de un despertador, ni los hits del momento de una radio juvenil. A los 5 min. sonó el teléfono, la teutona de ojos claros la felicitó con una falsa sonrisa telefónica y le dio instrucciones para el día siguiente. Un  taxi la recogería a las 6 de la mañana.

Los párpados de Martha se despegaron lentamente, un movimiento brusco de su cabeza se refugió bajo las sábanas, hasta que la realidad la indujo a salir de la cama e ir al lavabo. Eran las 5.15, tomo una ducha de agua caliente, le daba mejor color a su blanquecina piel “ tu te bañas con leche de burra” le decía su novio alguna mañana cuando el sol la tocaba a traición mientras buscaba sus bragas por el suelo, tomo un café con leche, las sesiones siempre le cerraban el estomago. Se fumó un cigarrillo y poco después, con la llamada del taxista, masticó un chicle de clorofila  y bajo las escaleras dando saltitos.
El taxista se presentó como contratado por la agencia, y la llevo al distrito tecnológico, un antiguo barrio industrial que había sido remodelado y sustituido por edificios de diseño vanguardista que los ancianos habitantes del lugar se tomaron como un grave insulto a su sacrificio.
El taxi la dejo en una nave industrial. El taxista  indicó que entrara por una pequeña puerta donde había un telefonillo. Martha apretó el botón y una voz afrancesada la abrió
Subió unas escaleras y la recibió un tal Jacques Marienboud o algo así, y le mostró el camerino donde se encontraba la ropa que iba a usar,” empezaremos con la falda y los tirantes”, pruébatelo y dime si todo esta bien, hemos traído varias tallas por si acaso.”
Ah, si quieres un café solo tienes que pedírmelo”, era un chico amable, francés pero con un acento macarrónico, que lo delató del sur, posiblemente de Marsella.
Martha aceptó, y una vez vestida recogió un vaso de plástico con un capuchino cremoso. Se lo bebió en dos sorbos y limpió la crema de sus labios con un lametón rápido y preciso.

La maquillaron durante 10 min. Y finalmente paso al estudio donde le esperaban Jacques y un ayudante de iluminación, que medía con el fotómetro la luz de los focos.
A Martha le divertía y excitaba todo aquello, en el fondo le gustaba ser observada y ver como la gente le prestaba atención, con sus caras serias y de satisfacción al ver que habían echo un buen trabajo con ella.
“Espera, quiero un plano de tu cara con los tirantes caídos”, Martha se sonrojó y dejó caer los tirantes. Sus pechos pequeños y rosados asomaron erectos y Jacques ametralló a Martha sin piedad con su Nikon.
Los flashes deslumbraron a Martha, lo veía todo desenfocado, con circulitos de luz blanca, azul y roja dándole vueltas alrededor. “Te ocurre algo?” “estas bien?”, preguntó Jacques, “no, solo que el flash me ha deslumbrado un poco….” y se desplomó al suelo al acabar la frase.

Pensaba que sería mas complicado con esta chica”, comento Jacques con su acento macarrónico francés a su ayudante. “Si es verdad, parecía mas lista que las demás”
“Al menos hemos sacado algo bello en la última foto…“Rápido, nos esperan”
Trasladaron el ligero cuerpecito de Martha hasta una camilla que había apoyada en una de las paredes y la llevaron a lo largo de un pasillo hasta una sala amplia, aséptica, donde aguardaban dos individuos vestidos de cirujanos.
Jacques y su ayudante desvistieron a Martha, y la tumbaron en un improvisado quirófano.
El cirujano le inyectó lo que parecía anestesia en su brazo y dio instrucciones a sus ayudantes.
Martha dejó de respirar a los 30 min, su corazón inquieto había sido extraído y depositado en una nevera de playa con cubitos, el cirujano hizo hincapié en la gran calidad el órgano y  rápidamente dos empleados se lo llevaron lejos de allí.
El cirujano siguió con lo suyo, y extrajo un fantástico hígado de 25 años, sanísimo, sin nada de grasa. Otros dos hombres se lo llevaron en otra nevera.
Jacques, desde una sala contigua, daba instrucciones en francés por teléfono, su rostro no parecía para nada intranquilo, estaba contento, le encantaba su trabajo, y hoy había logrado ascender un peldaño más su reputación como “fotógrafo”
El cerebro de Martha tardó en morir 10 minutos más tarde, se empeñó en vacilar , caprichosamente con las imágenes de un corazón mal dibujado en una mano apergaminada, un corazón tosco y feo, hecho con prisas, con mas desesperación que romanticismo, de tonos azulados, descoloridos,….

El taxi esperaba  pacientemente en la esquina bajo el golpe de los primeros rayos de sol
La emisora de radio describía instrucciones precisas
Esperar durante un par de horas por un buen precio.

sábado, 29 de diciembre de 2012

Invocando el Ansia



Palabras-tentáculo, arrancan la ropa sumisa
labios amapola sangrienta
cantan la invocación de las pollas de latex

Extasiado el aire, turbado el oxígeno
ellas acuden a sus plegarias
e inician el cortejo de fecundidad
bajo discursos de ansiedad
movimientos bruscos
vaivenes, risas y glotoneria fálica

La derrota del cuerpo
o limitaje de las ansias

todo placer esperado es menor que el recibido

lunes, 24 de diciembre de 2012

Postal magnífica en escala de grises


me abrazo con las manos, cogiéndome bajo los brazos, fuerte, disminuyendo poco a poco
al mismo tiempo que cierro los ojos
emito un suspiro similar a una cafetera en éxtasis

Las baldosas están frías para mis pies descalzos
dibujo círculos de humo, que huyen lentamente, deshaciéndose, casi al tocar del techo
me falta el aire, mis ojos se vuelven espejos tocador, abiertos, redondos brillantes
araño mis brazos a modo de caricia irritable

mi boca abierta, un gran pisotón en el pecho
mi corazón ya no puede bombear más rápido, el gran mareo de mirar hacia atrás y hacia adelante
ese ahogo con sabor a tierra y oxido

Procesión de negativos en blanco y negro, fragmentos de películas nunca filmadas,
veladas por un sol turbulento que asoma entre los grises algodones rancios de una feria abandonada
extraño el despertar suave de una caricia y el susurrar inteligible de unos labios aplastados en mi cuello

se abren mis costillas como un acordeón agujereado, desafinando lamentos sordos, con el eco vacío de una estancia cargada de humo
rechinar de dientes , mandíbulas agotadas , cuchillas aparcadas para otra ocasión
exhausto mareo de palabras, intenciones, tactos, olores, dientes, sonrisas, salivas amargas, hierros doblados , esputos de sangre, insomnio, gritos, un abrazo sin final, dedos temblando, emociones oxidadas dentro del mar, los pies al borde del arrecife siempre, sombras chinescas espontáneas en una pared que me decían te quiero, no entra el aire, no entra el aire, no entra nada

 

martes, 14 de agosto de 2012



Dentro de una polaroid de blancos quemados
un blanco que te hace cerrar los ojos
sin saliva que tragar
la serpiente quiere salir por la boca, abandonar el cuerpo

Oleaje intenso en un mar de tormenta
todas mis palabras tienen eco en el vacio
golpean las olas mi mediastino  agónico
varios telegramas sin respuesta
teléfonos mudos
amaneceres lineales, anocheceres fundidos

sé que estais esperando el titular en los periódicos
 


jueves, 19 de enero de 2012

Arco Iris negro


Te has despertado asustada esta noche
Huyendo otra vez de ti
Miras al espejo, desenfocada, temblando...
Tú voluntad se deshace,
como un analgésico en un vaso de agua

Bajo el arco iris negro

En el final del abismo concéntrico
del beso de dos espejos
encuentras los colores azules, de la profundidad de un mar
que lleva tu nombre

Bajo el arco iris negro

Te hundes sin tocar fondo,
te tiemblan las manos
tu corazón se detiene
se doblan tus rodillas
explotan tus ojos en una sola lágrima que cae hacia arriba

Bajo el arco iris negro

lunes, 2 de enero de 2012

Parpadeo


Pilas fundidas
ojos fundidos, apagados, sin luz
palabras fundidas, débiles, apeadas en labios cortados, perezosos
manos dormidas, agotadas, de articular sinsentido,
bombillas fundidas, apagón, habitaciones grises, flores secas olvidadas en macetas polvorientas

Polla fundida, sonrisa escondida, párpados cerrados, cansados de esperar, tu cintura hiperactiva
Sed insaciable, de vasos vacios, mesas sucias, charcos de abobinable substancia
emisoras mal sintonizadas